| LAS HERIDAS DE LA INFANCIA: COMPRENDERLAS PARA SANAR. Estoy segura que tú también tienes claro que ese miedo al abandono no lo has aprendido hoy, que esa necesidad de hacer justicia y que nadie pase por encima de ti, la aprendiste hace años, que ese enganche a personas con rasgos narcisistas viene de algo, que esa necesidad de agradar, de que te validen, no viene de tu adultez. Las heridas de la infancia no son recuerdos aislados del pasado, son experiencias emocionales que, cuando no fueron suficientemente acompañadas o reparadas, pueden quedar almacenadas en nuestro sistema nervioso y seguir influyendo en cómo pensamos, sentimos y nos relacionamos en la vida adulta. Muchos de los síntomas actuales —ansiedad, bloqueo emocional, relaciones inestables, baja autoestima o una sensación persistente de “algo no va bien”— no aparecen porque haya algo defectuoso en la persona, sino como respuestas adaptativas a experiencias tempranas que desbordaron nuestros recursos. ¿Qué son las heridas de la infancia? Hablamos de heridas emocionales cuando, durante el desarrollo, necesidades básicas como la seguridad, la validación, el cuidado o la sintonía emocional no pudieron ser satisfechas de forma consistente. No siempre se trata de eventos “grandes” o evidentes; a veces son ausencias, silencios, miradas que no llegaron, o responsabilidades asumidas demasiado pronto. Estas experiencias quedan registradas en redes de memoria implícita, profundamente ligadas al cuerpo y a las emociones. Por eso, en la adultez, ciertas situaciones pueden activarnos de forma intensa sin que sepamos exactamente por qué. Trauma, memoria y EMDR El abordaje EMDR parte de la idea de que el sistema nervioso tiene una capacidad natural de procesamiento y sanación. Sin embargo, cuando una experiencia resulta abrumadora, ese procesamiento puede quedar “atascado”. A través de EMDR, trabajamos para que esas memorias tempranas puedan integrarse de manera adaptativa, reduciendo su carga emocional y permitiendo que la persona se relacione con su historia desde un lugar más seguro, compasivo y presente. Sanar no significa borrar lo vivido, sino dejar de revivirlo una y otra vez en forma de síntomas, patrones o sufrimiento. Un camino posible Explorar las heridas de la infancia no es un proceso de culpa ni de búsqueda de responsables. Es un camino de comprensión profunda, de reconectar con partes de uno mismo que en su momento hicieron lo mejor que pudieron para sobrevivir. Ofrecemos un espacio seguro donde el cuerpo, las emociones y la historia pueden encontrar nuevas formas de organización y descanso. Si algo de lo que has leído resuena contigo, quizá no sea casualidad. Escuchar esa resonancia puede ser el primer paso hacia una relación más amable contigo y con tu pasado. Con cuidado y respeto por cada proceso, Mireya Guirao. Psicóloga sanitaria EMDR y perinatal. |
© Mireya Guirao 2026 | Outsiders